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miércoles, 1 de junio de 2011

De Regreso al Taller – Libertad Femenina

Últimamente he asistido a muchas reuniones femeninas, de grandes y nuevas hechiceras, cada una con su aporte al camino que voy a empezar.


Mi paso por el taller es para dejar lo necesario programado y seguir mi aprendizaje.

Últimamente he escuchado mucho de las libertades de las minorías y al escuchar estas mujeres he comprendido lo que hemos avanzado y los que nos falta aun.

Aun el hablar de sexo es tabú, para algunas, su cuerpo es un desconocido, o hombres que temen “ofender” a sus mujeres al hablar o plantear determinados temas


Las Hechiceras, somos libres. No significa libertinaje, si no un aprecio y respeto por nuestro cuerpo, que es un instrumento que nos lleva a elevarnos en distintas dimensiones, que no es ajena a los cuidados de salud ni del sexo, ni del amor, ni del espíritu.

Somos hechiceras, mujeres y como tales sensuales y libres.  A veces perseguidas, muchas veces incomprendidas y terminadas, pero siempre dignas y poderosas. Y por sobre todas las cosas MUJERES, así con mayúsculas



He visto algunas vivir libremente su sexualidad con respeto y dignidad y otras oprimidas  y humilladas, a veces por sus propios maridos.

El cuerpo, finísimo es el instrumento de nuestro espíritu, es donde demostramos nuestro amor, nuestro afecto, nuestro cariño.

 Debe ser tratado con el cuidado y amor que destinamos a nuestros bienes preciados pero tampoco ocultados y muchos menos maltratado o no utilizado, guardado en el fondo de un baúl.

Puede ser reservado por periodos a periodos de meditación y purificación cada una decice, pero la decisión es libre, sin presiones y sin prejuicios, y muchos menos por decisiones de otros que decicen “respetarlas” o abusarlas.
No son minoría pero faltan muchos aquelarres.





REDONDILLAS
Autora: Sor Juana Inés de la Cruz

Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.
Si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?
Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.
Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco,
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.
Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis
para, pretendida, Tais;
en la posesión, Lucrecia.
¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?
Con el favor y el desdén
tenéis condición igual:
quejándoos si os tratan mal;
burlándoos, si os quieren bien.
Opinión ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.
Siempre tan necios andáis,
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel
a otra por fácil culpáis.
¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata ofende
y la que es fácil enfada?
Mas entre el enfado y la pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere,
y quejaos enhorabuena.
Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.
¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada
o el que ruega de caído?
¿O cuál es más de culpar
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?
¿Pues para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.
Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis de afición
de la que os fuere a rogar.
Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesas e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.


 

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