Tibia y espesa se siente el agua al entrar en mi nariz, la siento acariciar mi cuerpo mientras me desperezo, es la vida, es la luz, es Dios.
Agua clara que arde en mis venas, en mi corazón, agua clara que lleva y transforma, luces y sombras, agua de tiempos infinitos.
Una fuerza me llama. me jala de este mundo de paz en que habito, este mundo de crecimiento y de nada...
Suave e improvisadamente soy lanzada a la orilla, una orilla que me trae miedos y recuerdo de antaño de otro tiempo de otra vida, tan igual y tan distinta.
Quiero volver al agua, pero no es tiempo, ya no ahora toca salir. No quiero y me resisto, este cuerpo pesa, duele... respirar duele, no puedo, no quiero
El proceso comenzó, el cambio comenzó, no hay vueltas atrás, hoy es el principio de un nuevo sueño.
No soy libre de ser quien realmente soy aun, es un camino que tengo que hacer, que recorrer, mi tiempo de reposo termino.
Me despido de mi pasado con amor y ternura y lentamente empiezo este nuevo camino, despacio, muy despacio en este nuevo cuerpo que me es tan desconocido.
Canción de Otoño en Primavera
Rubén Dario
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
mundo de duelo y de aflicción.
Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor.
Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé...
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
Y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
la otra fue más sensitiva
cual no pensé encontrar jamás.
Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía...
En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé...
Y te mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe...
Juventud, divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón.
Poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;
y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también...
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer.
¡Y las demás! En tantos climas,
en tantas tierras siempre son,
si no pretextos de mis rimas
fantasmas de mi corazón.
En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!
Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris, me acerco
a los rosales del jardín...
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
¡Mas es mía el Alba de oro!
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